Desde mi palco XVIII
Turandot
La gran novedad de esta Turandot que hoy proponemos para el deleite de todos los amantes de la ópera es el final propuesto por Luciano Berio. Como todos ustedes sabrán, Puccini no pudo terminarla y fue su alumno Franco Alfano el que propuso un cierre musical bastante riguroso con la escritura que hasta la fecha, ha sido el interpretado en todos los teatros del mundo. Solamente el paso del tiempo y la opinión del público serán los que se decanten por uno u otro, por Alfano o Berio.
Pero si me permiten, antes que nada, voy a dar cuatro pinceladas sobre la partitura.
Turandot señala el retorno a la tradición de la Gran Ópera. La amplitud de los medios desplegados, tanto musicales como dramáticos y escénicos son apabullantes desde el principio. Por otro lado, la mezcla de los elementos fantástico, cómico y humano, así como las situaciones complejas que se alimentan de acontecimientos de gran intensidad emotiva, invaden al oyente trasportándolo a ese mundo soñado por Puccini.
Sin embargo, esta ópera ha suscitado muchos reproches desde el día de su estreno. Se ha llegado a decir de ella que simplemente es “un edificio de estuco, ambicioso y hueco”, a lo que el maestro Gatti señaló: ¿qué valor tienen esas críticas si consideramos el éxito persistente de que goza la obra?.
Dejando a un lado esta polémica absurda, Turandot es una obra maestra de un lirismo radiante y a veces solemne que hay que disfrutar como si fuera un cuento maravilloso.
La versión que propone Arthaus Musik (107 094), es la que se grabó en directo en el Festival de Salzburgo en el año 2002 y dirigida por el gran Valery Gergiev.
Los cantantes en general están muy metidos en sus personajes e interpretan sus roles con total naturalidad, aunque si por un lado Johan Botha en Calaf está falto de fuerza, Cristina Gallardo-Domâs hace una Liù de referencia.
El director de escena es nada menos que nuestro viejo conocido David Pountney, el mismo que hizo hace pocas semanas Król Roger en el Liceu, y si no me gustó en el teatro barcelonés, tampoco lo ha hecho en el festival austriaco. Busca la espectacularidad de una forma obvia y repetitiva que llega a agotar en vez de deslumbrar.
La orquesta Filarmónica de Viena a manos de Gergiev aporta un sustento hermoso para que los cantantes se sientan arropados, pero sería interesante que en algunos momentos brillara a la misma altura o incluso hiciera esforzarse más a las diferentes voces.
Una nueva Turandot en el mejor festival del mundo.
© by Israel David Martínez











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