Desde mi palco VII
Ya hace unos cuantos días que nos visitó Jordi Savall para inaugurar el Festival Internacional del Camino de Santiago, pero a pesar del tiempo y la distancia, todavía se puede oír el eco de sus armonías arcaicas y melancólicas en los rincones más recónditos de la Iglesia del Carmen.
Hace ya aproximadamente unos veinte años que conocí a Savall. Fue la época en la que estaba metido de lleno en mis estudios de dirección de orquesta, composición, violonchelo y piano en uno de los más prestigiosos conservatorios de Europa. Un buen día, apareció una joven arpista, muy bella, en las clases de análisis musical, y en la pausa que realizaba el profesor para tomarnos el segundo café de la mañana y así poder aguantar despiertos la segunda parte de una asignatura tan densa, fui a presentarme y a conocer a esa misteriosa muchacha de tez muy pálida y larga melena casi pelirroja. Después de las primeras palabras, inocentes, nerviosas, aveces incongruentes y siempre inconexas, estuvimos hablando de los estudios y de nuestro objetivos, y la sorpresa llegó cuando me dijo su nombre, Ariadna Savall.
Rápidamente nos hicimos muy buenos amigos, y formamos un conjunto de cámara con el que realizamos diferentes conciertos. Los ensayos los realizábamos en la casa de los Savall, ya que transportar un violín o un violonchelo, es factible, pero transporta un arpa para hacer un ensayo, no es productivo.
Después de unos meses ensayando, le comenté a Ariadna mi deseo de poder interpretar para su padre, Jordi Savall, alguna de las suites para violonchello solo de Bach. Él accedió encantado y un buen día, teniendo como público a toda la familia Savall, les toqué enterita los siete movimientos de la segunda Suite en re menor. Después de los aplausos de rigor, Jordi muy amablemente me dio una serie de consejos sobre los diferentes golpes de arco pre-barrocos que podía utilizar en movimientos como la Allemande o Courante. Al final de la agradable soirée musical, hubo un momento de silencio en la conversación que manteníamos, y de repente Jordi me dijo: Israel, espera un momento…, canta esta melodía! Primero la cantó él, y luego yo. Toda la familia se miró sorprendida y el maestro me dijo: Chico…, no se si ya te lo habían dicho antes pero… tienes una voz prodigiosa… de… tenor, pero de tenor de fuerza. Has de estudiar canto lo antes posible. No te preocupes por nada, ya buscaremos al mejor maestro… pero… una voz como la tuya… no la podemos dejar perder.
Así empezó una de las etapas más extrañas de mi vida, cuando estudié canto, y todo gracias a Jordi Savall. Él no creo que se acuerde ya de aquella anécdota, pero les aseguro que para un joven estudiante…, aquella tarde en su casa fue inolvidable.
© 2009 by Israel David Martínez

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