Desde mi palco XV
Otello
Hoy traigo a esta sección una de las novedades en el mercado discográfico-visual (DVD Arthaus Musik 107 090) más esperada de los últimos tiempos, me estoy refiriendo al Otello que en el año 2001 abrió la temporada de la Scala de Milán y que representó prácticamente la despedida por parte de Plácido Domingo de este roll tan importante en su carrera como tenor. Y para este fin, se rodeó de aquellas personas con las que sabia que iba a alcanzar una representación mítica, un espectáculo que quedará en la memoria de todos aquellos que tuvieron la suerte de presenciar una comunión de talento.
Pero antes de seguir creo que sería interesante dar cuatro pinceladas sobre esta obra de Verdi.
Se podría decir que Otello es una ópera nacida del perfecto equilibrio entre la expresión vocal y la instrumental, ambas se funden admirablemente en una unidad dramáticomusical.
La importancia que cobra la orquesta produce asombro; por primera vez la orquesta verdiana posee vida propia, pulso, una personalidad de la que Aida ofreció solamente un esbozo. No es que el músico haya hecho suyos los procedimientos wagnerianos, sino que lleva a cabo un estudio atento y reflexivo del romanticismo alemán: el discurso musical de Otello cuenta de esta manera con una textura sinfónica que confiere a la orquesta resplandor y color, y a esto se le debe sumar el lirismo de la acción y de las voces, consiguiendo un todo, un lenguaje maravillosamente suelto y denso que sorprendió al público del estreno y que nos sigue pareciendo hoy día la más auténtica expresión del teatro musical. Después del estreno el 5 de febrero de 1887, Verdi tuvo que salir al balcón de su hotel para ser aclamado por millares de personas. Qué increíble nos parece esto hoy en día, creo que es un tema para la reflexión de todos.
Enumerar los momentos de la obra particularmente hermosos es bastante difícil ya que se suceden continuamente: desde el terrorífico “credo” de Yago hasta el premonitorio “Ave María” del último acto o el conmovedor beso del adiós de Otello, la partitura está cuajada de furor (la tempestad de la escena que abre la ópera es simbólica), de ciega violencia (el monólogo desesperado de Otelo), fingida dulzura (el “sueño” de Yago); iluminada por fulgurantes relámpagos y bañada en una luz crepuscular que presagia el funesto desenlace.
Volviendo a la versión analizada, lo primero que tengo que decir es que pasará mucho tiempo hasta que nazca alguien capaz de acercarse a la interpretación de nuestro Plácido Domingo. Inmenso, arrollador, con una voz impactante y una expresión que siempre anticipa el trágico final. Barbara Frittoli interpreta una dulce y apasionada Desdemona, y Leo Nucci un Yago poseedor de una atracción fatal desbordante. Si a todo esto le sumamos una batuta segura y eficaz como la de Riccardo Muti, el milagro de la belleza suprema está servido.
Si no saben qué regalar estas próximas Navidades, aquí tienen una idea, es el presente perfecto para los que aman la ópera, para aquellos que sienten curiosidad por este género, o simplemente para aquellos que gozan con el arte en mayúsculas.
© by Israel David Martínez

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