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Desde mi palco XXI

Domingo, 27 de Diciembre de 2009

Villancico

“ Un niño nos ha nacido

Y un Hijo nos ha sido dado,

El cual lleva sobre sus hombros el Principado;

La misión de todo creador es buscar en su interior aquel mensaje único y verdadero, y una vez se asimila el significado, se traslada lo más fielmente a los demás para que sean partícipes del camino a la sabiduría. El creador se convierte en ese momento de éxtasis en un ser superior, iluminado, en alguien cercano a Dios del cual percibe su protección y su guía.

Vivimos en una sociedad que vive y se desarrolla a veces de una forma frenética y donde la meditación, la búsqueda diaria de paz, el intentar ser juicioso y prudente se aleja cada vez más de nuestro horizonte humano.

La religión intenta aportar un significado a nuestra existencia, el punto de partida para no perderse, no tenemos demasiado tiempo y debemos realizar con nuestra vida una serie de actos importantes para lograr haber estado, haber sido, haber amado.

Y su nombre será

Ángel del gran consejo.

En el pasado siglo XX no se ha detectado una importante producción musical con temática religiosa debido a un cierto alejamiento entre los compositores y la Iglesia Católica que ya empezó en el s. XIX. Escribir un Villancico, es decir , expresar respeto y afecto al nacimiento de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios en la Tierra para los cristianos, no ha destacado en la producción musical de ninguno de los compositores que habitualmente se programan en las orquestas sinfónicas de nuestro país.

La manera de abordar musicalmente el nacimiento de un nuevo ser será algo hermoso, un momento de amor total. La mano del que conjuga las notas y los acordes cuidará con cierta ternura el resultado total para que, intérpretes y público sientan a la vez la importancia del milagro.

Cantad al Señor un cántico nuevo

Porque ha hecho maravillas.

Cuando nos visita el silencio, si queremos podemos recordar aquella navidad en nuestra infancia, aquella ilusión desbordante, la familia unida y sin grietas, el olor a pino y a musgo, el aguinaldo después de recitar de memoria una poesía, la insoportable presencia de un pavo vivo, la colocación del pesebre con el imprescindible papel de aluminio para representar un río, los empalagosos polvorones, los niños en pijama y despeinados abriendo los regalos, el marisco en la mesa, y cómo no, la zambomba y la botella de anísdelmono y los abuelos, tíos, primos, padres y hermanos cantando villancicos. Aquella música la llevamos desde siempre con nosotros, representa algo que va más allá que unas fechas en el calendario.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Así sea.”

Para terminar unas palabras de Benedictus XVI: “…unir por fin las fuerzas positivas de la humanidad en su camino hacia el futuro del mundo; ‹‹reino›› significaría simplemente un mundo en el que reinan la paz, la justicia y la salvaguardia de la creación. No se trataría de otra cosa. Este ‹‹reino›› debería ser considerado como el destino final de la historia. Y el auténtico cometido de las religiones sería entonces el de colaborar todas juntas en la llegada del ‹‹reino››…Por otra parte, todas ellas podrían conservar sus tradiciones, vivir su identidad, pero, aun conservando sus diversas identidades, deberían trabajar por un mundo en el que lo primordial sea la paz, la justicia y el respeto de la creación.”

Para que esto sea una realidad el ser humano todavía a de sufrir un incomprensible distanciamiento entre las tres grandes religiones monoteístas. Pero todo largo camino ha de empezarse algún día, por ejemplo… hoy, cantando y anhelando todos juntos la paz en el mundo y deseando que cristianos, judíos, musulmanes, budistas, hinduistas, ateos, agnósticos, etc., convivan como buenos hermanos para el resto de la eternidad.

© by Israel David Martínez

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